Valencia ofrece muchas imágenes que, realizadas durante el día, carecerían de toda la magia que la noche valenciana le otorga un color, sabor y hasta aroma distintos. Este edificio marca el final de la avenida del Puerto justo antes de enfrentar la silueta del Edificio del Reloj y los tinglados del Puerto. Las oficinas de varias empresas de tránsito portuario y el legendario restaurante que sigue abierto casi un siglo después en su único bajo comercial, son dos imágenes que han acompañado a los valencianos durante décadas y ahí siguen, incluso después de quedar el edificio aislado, derribados los inmuebles contiguos. Su belleza neoclásica, aumentada por la acertada iluminación nocturna, nos acerca a épocas doradas de la actividad portuaria valenciana.



