Ya ni se recuerda, pero antiguamente, justo en el centro del jardín desde el que hoy en día se disparan las “mascletaes” en la plaza del Ayuntamiento, existía un auténtico socavón circular que escondía un mercado con los puestos de venta de flores que, al abrigo de la sombra, guarnecían así las flores y plantas de las inclemencias del tiempo cuando las lluvias y de los devastadores efectos del caluroso Sol en verano.
Este “forat”, ideado en el proyecto de 1929 del arquitecto Javier Goerlich Lleó y bautizado por el mítico ingenio guasón de los valencianos como “el bunyoler”, desapareció en la remodelación que la entonces plaza del Caudillo sufrió en 1953, principalmente por las continuas quejas de los propios floristas que consideraban tremendamente perjudicial para sus negocios el hacer bajar al público al subsuelo para llegar a sus puestos.

