La loca década de los años veinte llegaba a su fin, y apenas tres años después se proclamaría la Segunda República. La enseña y mayor tesoro histórico del pueblo valenciano, la Reial Senyera, se había deteriorado debido, entre otros motivos, a su participación en actos multitudinarios. Por ello, se encargaron tres réplicas a la Fábrica de seda de Eduardo Sanchis Romero. Una engalanó el féretro de Blasco Ibáñez en París, otra que descansa en el Colegio del Arte Mayor de la Seda, y la tercera, que es la que sustituye a la original en actos públicos como la Bajada desde el balcón del Ayuntamiento. He aquí una instantánea a la salida del acto de bendición de la Reial Senyera en 1928, con autoridades civiles, militares y religiosas junto a la puerta barroca de la Catedral de Valencia.



